viernes, 10 de julio de 2015

LOLI



Me desperté rara y con aquella sensación, no sabía cuanto había dormido. Mire el reloj, eras las diez y por la claridad que entraba por la ventana parece que hacía un día esplendido. Estuve remoloneando en la cama un buen rato, mi mente me decía que tenia cosas por hacer, pero mi cuerpo no aceptaba aquella orden  no se quería levantar. Me senté al borde de la cama, mi cuerpo no llegaba a ponerse en marcha, metí mi cabeza entre mis manos, apoye los codos en las piernas, tenia ganas de llorar.

No podía ser que después de tantos años aquello me siguiera marcando el ritmo de mi vida. No se si toda la terapia recibida me ayudo pero lo que tenia claro es que aquello me seguía afectando. Estos  brotes que no sabría como definir los tenia esporádicamente, variando en su duración siempre intentaba que fueran lo más corto posibles.

Camine como sonámbula hasta el baño y al mírame al espejo tuve la visión de mi que menos me representa, una mujer abatida por su pasado. Clave mis ojos en la luna:

 - ¿Por que?

Aparte las hombreras de mi camisón que rozo mi piel al deslizarse hacia el suelo, ver el reflejo de mi cuerpo desnudo me provoco un escalofrió. Tenia una bonita figura y aunque con algunas señales de guerra y  del tiempo seguía siendo atractiva, Abrí la ducha y me metí debajo sin pensarlo. Necesitaba que aquel agua purificadora se llevara aquella sensación.

Lleve la toalla a mi nariz, me encanta el olor de la rompa limpia, aspire profundamente hasta saciarme de aquel frescor. Me seque y di bien de crema, necesito sentir esa suavidad que se queda en la piel. Estaba sola en casa y sin ponerme nada fui hasta la cocina a por un café, no me suele pasar, pero lo necesitaba.

Entre la ducha y el café mi animo cambio, ya no veía las cosas tan negras. Abrí el armario y saque aquel conjunto de lencería que me acababa de comprar y resaltaba mis curvas.  Mi pecho sin ser demasiado voluminoso llamaba la atención, mis piernas eras esbeltas y suaves  y mi culo, ese gran enemigo de toda mujer yo lo veía un poco  grande. Saque también el vestido blanco tipo ibicenco minifaldero y con un escote que realza mi pecho.

Después de pintarme la pestaña y los retoques necesarios, vestida y perfumada me mire al espejo:

  - Niña estas de rechupete.

Al salir de casa comprobé que hacia un día esplendido y aquello me subió el animo, el sol me producía aquella sensación de bienestar al sentir sus rayos en mis hombros desnudos. Con paso decidido me dirigía  a ver  a Victor.

Victor era  un amigo  con el cual tenia una relación que no llegaba a comprender. Alto, moreno con un cuerpo definido, con un color de ojos indefinido y sobre todo una sonrisa cautivadora. Nos conocimos  un día que me caí en la calle y me hice un esguince, pasaba el con el coche patrulla y al ver a varias personas que me estaban ayudando paro a ver que pasaba. Me encantan los hombres de uniforme y más cuando son como él.

Victor es un encanto de hombre, educado, respetuoso, cariñoso, amable, sincero, adulador en su ponto justo y con ese punto canalla que tanto nos gusta a las mujeres. Es decir que lo tenia todo para tener con él algo más que una amistad.

Llame al telefonillo  y al momento escuche su voz. Según subía en el ascensor  se desplegó  una sonrisa en mi cara, mi cuerpo se tengo y las piernas me temblaron. Estaba esperándome en a puerta con un pantalón de pijama azul claro y el torso al descubierto. El ver su pecho denudo me hizo casi tartamudear y al sentir su cara al darme dos besos se doblaron mis rodillas. No sabía que me pasaba, bueno si lo sabía pero no quería reconocerlo.



Me dedique a cotillear las fotos que tenia puestas en el salón mientras se arreglaba. Tuve que reprimir mis instintos al oír el  agua de la ducha, no pude por más que imaginarle  enjabonándose. Pero no, no podía ser, eramos amigos y también tenia cierto temor a que me rechazara, no sabía cual eran sus sentimientos por mi.

Pasamos un día estupendo. Desayunamos en una terraza, nos fuimos a pasear, comimos en un restaurante que se había puesto de moda,  comprando varías cosas que nos hacían falta a los dos y sobre todo  hablando mucho.  Cada vez me gustaba más pero  no sería yo la que diera el primer paso, me tenia desconcertada, ese chulazo que le salía me atraía y a la vez me echaba para atrás.  Dijo que mejor cenar en su casa, que llevábamos todo el día en la calle y estaríamos más tranquilos.

Quería cocinar el  pero le quite la idea y nos pasamos por una tienda donde preparan unas cenas frías para llevar excelentes. Con todo lo necesario para la cena y de buen agrado nos dirigimos  para su casa. No sabía sus intenciones, pero lo peor de todo que tampoco sabía las mias.

Puso música y saco algo de beber, los dos sentado en el sofá seguíamos charlando de lo más ameno, yo poco a poco me fui acomodando y apoyada en el brazo del sillón subí mis pies desnudos. Mientras seguía la charla comenzó a darme un masaje en los pies, fue sentir sus manos y dar un suspiro que no pude reprimir.

-No se como podéis aguantar esos taconazos. Te voy a dar un masaje.

Se levanto y trajo una toalla y un franco con aceite de menta.  Se sentó, coloco la toalla encima de sus piernas y puso mis pies sobre ellas. Abrió el franco y derramo un poco de liquido en la palma de su mano, froto una contra otra y fueron directas a uno de mis pies, aquello era maravilloso,  cerré los ojos solo quería sentir.

No se el tiempo que estuve así, yo creo que debí dormirme y todo, aparto mis pies y al hacerlo abrí los ojos, me estaba mirando fijamente con una media sonrisa:

-Date una ducha y veras que relajada te quedas.

Como si fuera una autómata me dirigí al baño, Victor venia detrás mio y me empece a poner un poco nerviosa ¿Se iba a duchar conmigo? ¿Me iba hacer el amor?, pero todos esos pensamientos acabaron cuando al entran al baño.

-Aquí te dejo una toalla.  Y tras eso cerro la puerta.

Me encontré en el baño sola y no sabía si desilusionada o aliviada. Me vendría de maravilla una ducha después de estar todo el día fuera de casa.  Me desnude y entre despacio, como dando tiempo a ver si entraba él.

Termine de ducharme y seguía sola, en ese momento fue cuando tome la decisión de tomar las riendas y tensar un poco la cuerda, necesitaba saber lo que pasaba entre nosotros. Me enrolle la toalla en mi cuerpo, era demasiado pequeña apenas me cubría,  me dejaba un generoso escote y todas las piernas al descubierto, solo baja 4 dedos mas allá de lo indecente. Armada de valor salí.

Victor reacciono como si nada al verme, era  como si fuera de lo más natural.

-Voy a ducharme yo y ahora cenamos. Desapareció por el pasillo.

Me dieron ganas de salir corriendo, no me podía creer que ni se inmutara cuando me vio, pero pasado este arrebato decidí quedarme, ya sabía a que atenerme, eramos amigos solamente. Me senté mirando al infinito a esperar que saliera.

-Ya estoy aquí. Dijo.

Gire mi cabeza y no podía creer lo que estaba viendo, de pie y mirándome estaba Victor cubierto únicamente por una toalla  que cubría apenas su cintura, aquella visión me volvió a desconcertar.
Se acercó, me tendió su mano.

-Ven. Y unidos por las manos le seguí.

Entramos en su habitación, la cama era inmensa,  no había nada solo la cama.

-Túmbate bocabajo que voy a seguir con el masaje.

Posó sus manos con firmeza  en mis hombro, aquello me puso la piel de gallina, las movía de forma rítmica y ejerciendo la presión justa en cada parte, logro quitare aquella pequeña molestia que tenia en el cuello, pero  me estaba entrando un desazón que recorría todo mi cuerpo. Cambio de postura y ahora se dedico a mis pies, pantorrillas y muslos.

Sus manos recorrían  toda la longitud de mis extremidades, desde los dedos hasta el pliegue del comienzo del culo, no quería que notara mi excitación,  por que aquello ya no era bienestar si no excitación pura y dura. Separe un poco las piernas al notar como sus manos subían por la cara interna de mis muslos, pero siempre paraban en el mismo sitio, deseaba que me buscara.

No se cuando comencé a gemir, cuando mi cuerpo se estremecía, solo puedo recordar cuando sentí sus dedos por primera vez, como recorran mis ingles  e intentaban juntarse sujetando mi sexo entremedias. Aquello me llevo a estar fuera de control, solo quería ser suya, que me tomara según estaba, pero por más que lo deseaba no llegaba nunca, el seguía con sus juegos.

Sus manos me agarraron por un costado y con una gran maestría y de un solo movimiento me dio la vuelta y me quito la toalla, quede desnuda y excitada a su entera disposición. Le mire fijamente a los ojos de forma desafiante, y metí mi mano bajo su toalla. No podía ser, aquello era maravilloso, duro y cálido, lo quería para mi.

Le empuje de forma impulsiva para que cayera de espaldas,  volví a meter una mano mientras con la otra retiraba la toalla, debí poner cara de tonta al ver semejante maravilla de la naturaleza. Sin mediar palabra acerque mi boca  para devolverle el placer recibido.

Suspiraba y gemía a cada movimiento mio, agarraba mi pelo, se aferraba a las sábanas y movía levemente las caderas. Subí por su cuerpo hasta llegar a su boca  y mientras nos besábamos profundamente nos fuimos haciendo uno, lentamente quería sentirle  en cada rincón de mi cuerpo.
Me produjo tal arrebato ser solo uno que fueron unos momento descontrolados. le mordí los labios, el cuello y le arranque un grito entre placer y dolor cuando mordí uno de sus pezones. Aquello fue el pistoletazo de salida, sus manos buscaron mis pechos, mis nalgas, mi sexo. Yo mientras tanto moviéndome lentamente seguía sin separarme de el, no quería prisas, solo que aquello no acabara nunca. Estalle como si un rayo me hubiera cruzado el cuerpo, los gritos y los movimientos convulsivos no cesaban, mis manos se agarraron a su pecho y mi cuerpo se retorcía.

Abrazada a él con mi cabeza en su pecho era incapaz de mirarle, solo quería sentir su calor, oírle respirar. No se la cantidad de veces que lo hicimos, ni las posturas y técnicas que utilizamos, pero aquello era maravilloso. Habíamos estado dos días sin salir de casa, solo comer, ducharnos y hacer el amor. Al despedirnos nos dimos un beso largo y profundo.

De camino para casa tenia una doble sensación. que había sido algo increíble y que difícilmente lo volvería a vivir.©Fer






















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