miércoles, 9 de diciembre de 2015

Era una tarde gris y lluviosa,  mirando por el ventanal del café esperaba paciente a que llegara. Se hacía eterna la espera, los minutos no corrían, mis ojos tenían un vaivén continuo del reloj a la calle.
Entre mis dedos sujetaba un cigarrillo, no se si servia para calmarme o ponerme más nervioso.

Faltaban 10 minutos para lo hora, salí a la puerta a fumar el maldito cigarrillo. Las gotas golpearon mi cara, busque el resguardo de una pequeña cornisa, te buscaba con la mirada frenéticamente confundiendo tu figura  con alguna extraña, el deseo por estar juntos atenazaba todos mis sentidos.
Entre y volví a sentarme en la mesa, mire el reloj 8 minutos, seguí escrutando cada metro de la calle que veía.

Llame al camarero y le pedí otro café, me miro con cara confundida, era el tercero que tomaba en poco más de un cuarto de hora que llevaba. Mire el teléfono mil veces por si habías llamado y no lo había oído, miraba los mensajes, el Whatsapp... todo en vano. La pierna empezó con su traqueteo.

5, 10, 15 minutos pasada la hora y no habías aparecido, yo solo buscaba escusas para tu tardanza.
20, 25, 30 mi animo se iba derrumbando poco a poco, empece ha asimilar que no vendrías. Clave mi mirada en el cristal.

Cuando volví a mirar el reloj habías trascurrido dos horas, pague la cuenta y me encamine calle abajo. Como anima bajaba la calle sin importarme el agua que caía, la gente que pasara, ni los coches que se cruzaban, no tenia consciencia de nada, solo tenia pena.

Amanecía cuando mire el móvil:  "Lo siento, lo nuestro es imposible"   ©Fer

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