martes, 25 de agosto de 2015

EL ASCENSOR.

Ese escalofrió recorría mi cuerpo cuando coincidíamos.
Las miradas eran furtivas.
Inspiraba más profundo para quedarme con su aroma.
Tenía que luchar conmigo para nos suspirar.
Aquello sobrepasaba cualquier límite.
Sé que llegaría el día que sucedería.
Pero no podía ser, ambos teníamos pareja.
Venia de la cena de empresa.
Subí, apreté el piso y me recosté contra el espejo.
Cerré los ojos y eche la cabeza para atrás.
Tembló el suelo del ascensor y abrí los ojos.
No podía ser, coincidir a estas horas.
Nos dimos las buenas noches de forma cordial.
Mientras se cruzaban las miradas.
Exclame: ¡Ya está bien!
Me acerque y comencé a besarle.
Aquello fue la señal de salida para mi excitación.
Me temblaron las piernas al sentir su lengua.
Suspiré al notar su mano en mi entrepierna.
Con la mente en blanco respondí del mismo modo.
Levanto una de mis piernas mientras me acariciaba el muslo.
Se  acerco penetrándome suavemente.
Solo recuerdo el placer que me inundaba.
Suspire, gemí y grite con cada embestida.
Mil rayos recorrieron mi cuerpo a la vez que al suyo.
Le mire, le bese y salí corriendo hacia mi casa.
Cerré la puerta, tenía una doble sensación.
Respire profundo y ahí estaba su olor.©Fer


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