viernes, 7 de agosto de 2015

EL ENCUENTRO

- Esperándote.

- Siéntate en alguna terracita y me esperas.

Había quedado a comer con ella, nos habíamos conocido por Face y parecía que congeniábamos, había que ponernos cara. 

Me dedique a dar un paseo y ver alguna tienda, caminaba despacio sin prestar mucha atención, mi mente estaba centrada en otros pensamiento. Eran las conjeturas típicas que hace uno, intenta desgranar y analizar todos aquellos pequeños matices que conoces y fantasear sobre los desconocidos. Estos juicios de valor se suelen venir abajo  al conocerse.

La espera se estaba alargando, no por que llegara tarde si no que yo había llegado muy pronto, salí a fumar un par de veces, pero el calor que hacía acortaba el tiempo de estar fuera. Mi instinto me dijo que ya no podía tardar. Me senté en una jardinera, saque un cigarro y mire el teléfono para ver si tenia algún mensaje, la luz parpadeaba.

- En dos minutos estoy.

Antes de que pudiera contestar escuche una voz a mi espalda, sin escuchar bien lo que decía sabía que era ella. Me levante y dándome la vuelta la vi, no cabía duda. Alta, morena, vestido negro vaporoso, escondiendo su mirada detrás de una gafas de sol, desplegó una sonrisa cálida y confortable. Dos besos y los saludos típicos de esas circunstancias. 

Sentados ya en la mesa y con amena charla se fueron pasando los nervios típicos. De trato amable y con buena conversación estaba resultando todo mucho más fácil, los temas fluían y no se producían esos tensos silencios que nos indican que la conexión no es del todo buena.

Aquello era un juego de estrategia, poco a poco nos íbamos analizando, intentando averiguar  las virtudes y defectos del otro. No se  lo pensaba ella pero yo estaba bien, lo que iba descubriendo me gustaba y cada vez me resultaba más interesante su compañía. Tenia las ideas claras sabiendo lo que quiere y eso es para mi es algo que me atrae.

Al estar tan cómodo me fui fijando en otros aspectos, su pelo era una cascada que se movía con una increíble suavidad, la piel se veía  con esa tersura que gusta tanto acariciar, el rozar su manos con mis dedos me provoco una descarga que subió por mis brazos, piernas definidas y provocadoras y para rematar  aquella mirada que se metía tan adentro. Es decir una mujer de verdad.

Confesiones, risas, bromas...mientras tomamos café y echábamos un cigarro. El tiempo había corrido mucho sin darnos cuenta, por lo menos para mi. Decidimos marcharnos cada uno a nuestra obligaciones quedando para otro día.

¿La habrá o no?©Fer








No hay comentarios:

Publicar un comentario