EL TALIÓN.
El frío golpeo mi cara al salir, alce el cuello de mi abrigo y acelere el paso, la calle a esa hora estaba desierta y más entre semana. Me subí en el coche, al motor le costo arrancar, encendí un cigarro mientras sonaba la ultima señal horaria, eras las 3 de la madrugada y la voz monótona del locutor comenzó a dar las noticias.
Mi cabeza no dejaba de dar vueltas a esas palabras:
Mi cabeza no dejaba de dar vueltas a esas palabras:
-Ven rápido, han matado a Leonardo.
Había cogido el teléfono de forma instintiva, pero pude reconocer la voz de Julia, la mujer del fallecido. Fui intentando adivinar lo que podía haber sucedido, haciendo supuestos de las diferentes situaciones, pero no conseguía poner las neuronas a pleno rendimiento, uno se va haciendo mayor y el tiempo de reacción cada vez es mayor.
La casa, si así se puede llamar por sus dimensiones, estaba situada en una de las urbanizaciones más exclusiva de las afueras, me costo 20 minutos llegar. La calle estaba tranquila, la alta tapia no permitía ver el interior, pero no se escuchaba nada extraño. Deje mi Citroen Tiburón aparcado 2 casas mas abajo.
La casa, si así se puede llamar por sus dimensiones, estaba situada en una de las urbanizaciones más exclusiva de las afueras, me costo 20 minutos llegar. La calle estaba tranquila, la alta tapia no permitía ver el interior, pero no se escuchaba nada extraño. Deje mi Citroen Tiburón aparcado 2 casas mas abajo.
Se me olvidaba presentarme, soy Roberto Calamita. ©Fer

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