viernes, 18 de noviembre de 2016

Hace años aquella mujer me enseño lo que realmente era la vida. Tenía 15 años más que yo, una personalidad y una forma de ver la vida forjada por la experiencia.  Todo empezó como suelen empezar estas cosas, de la forma más tonta.
    Nos conocimos a través de un foro donde comentábamos, rápidamente surgió una complicidad entre los dos que nos llevó a tomar cada vez más confianza. En aquella época lo que estaba de moda era el Messenger y no tardamos en pasar horas charlando de todo, no era una atracción sexual, era un buen entendimiento. Ambos estábamos casados y enamorados de nuestros respectivos
    Con el paso del tiempo fuimos conociendo obras y milagros de cada uno, la familiaridad que alcanzamos nos llevó a formar parte casi de la familia. Nos buscábamos en cuanto podíamos y si alguno tardaba en responder el otro se ponía nervioso. Decidimos que había llegado el momento de que dos amigos se conocieran en persona y quedamos para comer. Me gustaría recalcar que no había nada sexual entre los dos.
    Había llegado el día, me sentía algo nervioso, de camino me asaltaron muchas dudas y no sabía si en persona congeniaríamos tan bien. Allí estaba esperándome, tal y como me había imaginado. Nos dimos un abrazo, dos besos y subimos al coche, pasado los primeros segundos de desconcierto y todo se volvió de lo más normal. Después de la comida y aprovechando la buena tarde que hacia decidimos darnos un paseo por el parque. Sin saber cómo nuestros labios se juntaron y nos miramos fijamente.
    La dejé en su casa y confundido por lo sucedido me marché. De camino no podía quitarme de la cabeza lo que paso, ninguno de los dos lo había buscado o ¿Ella sí? Creía conocerla lo bastante bien como para intuir que no era así, pero siempre te queda cierta duda. Pasaron los días y nada había cambiado, seguíamos teniendo la misma complicidad y ninguno de los dos comentamos lo sucedido.  Al mes o cosa así volvimos a quedar a comer.
    Los besos y el abrazo de saludo me supieron distintos, una sensación extraña recorrió mi cuerpo. Se había desarrollado la comida de lo más normal hasta que nos sirvieron el segundo plato, en ese momento y mirándome fijamente comenzó hablar. Sin ningún rodeo fue directa al grano, quería que nos acostáramos, no sé qué cara pondría o de cuantos colores me puse, pero ella comenzó a reír.
    Me explicó que aquello no era amor, que solamente era una preciosa amistad que no pasaría de eso, que ella estaba muy enamorada de su marido y que no pretendía arruinar mi matrimonio. Siguió relatando como era su relación, de sus filias y fobias y desde cuando había cambiado su forma de pensar. Su cambio se produjo hacia 5 años a la muerte de su mejor amiga, eso la hizo pensar en que había que vivir y disfrutar la vida. Desde aquel día no se ha privado de nada, en ningún sentido, solamente sabía que nada ni nadie rompería la relación con su marido y su familia. Yo no daba crédito a sus palabras, todo aquello me pillaba de improviso, callado y mirándole fijamente solo podía asentir con la cabeza a lo que decía.
    Volvimos a pasear por el parque, esta vez agarrados del brazo. Aunque estaba totalmente desconcertado aquella situación me resultaba cómoda. No sabía si era por la tranquilidad y naturalidad con la que había tratado el tema o solamente porque me encontraba a gusto. Nos besamos varias veces.
    Hablamos mucho los días posteriores, poco a poco la fui comprendiendo algo más. Según se va haciendo uno más mayor dejas de idealizar las cosas, ves que aparte del blanco y del negro hay otros colores, que por tener cariño a otra persona no haces mal, que lo malo no es hacer el amor con alguien si no el no amar a tu pareja, que una cosa es el cuerpo y otra los sentimientos, que la infidelidad no es carnal, que por muy fiel que seas a una persona si no la amas es serle infiel…
    A la misma hora estaba allí, nos besamos una vez subió en el coche, era la primera vez que fue profundo e intenso. Agarró mi mano y fuimos callados hasta aquel hotel. Subimos a la habitación llenos de nervios, cerramos la puerta y nos quedamos parados, yo no sabía si lanzarme a saco o esperar que ella tomara la iniciativa, pero todo fue discurriendo de lo más natural. Besos, caricias… de la forma más delicada y cariñosa nos fue llevando despacio a una entrega total.  Abrazados desnudos nos acariciábamos suavemente, yo tenía complejo de culpabilidad, había sido maravilloso, salvaje tierno y delicado.
    Tenía miedo al día siguiente cuando me senté delante del ordenador y abrí el Messenger, no sabía qué reacción tendríamos, si algo habría cambiado y ya no sería lo mismo, pero lo que era seguro es que había que pasar por ello. Fue una grata sorpresa ver que nada había cambiado, que seguíamos con el mismo trato que antes y con la misma amistad, que no hablamos de lo sucedido.

    Seguimos nuestra amistad y con nuestros encuentros furtivos varios años, pero como suele pasar la vida nos distancio. Ahora con el paso del tiempo me voy haciendo mayor, cada vez comprendo más la forma de pensar de esta mujer. Aquella experiencia me llevo a cambiar mi forma de pensar y a estar más enamorado de mi mujer. ©Fer

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