Cuando las canas van tiñendo las sienes de blanco, a la vez
que te dan más seguridad de ti mismo, también te crean muchas dudas. Ves
imagines de tu vida, como si fueran una película vieja que va a saltos, de esos
momentos que se te han quedado impresos en el subconsciente, imágenes qué muchas veces no sabes por qué las tienes
en el recuerdo.
Analizas esos flashes, unos son meros recuerdos de infancia,
que no tienen ninguna trascendencia, otros momentos bonitos que has tenido y
algunos momentos duros, que esos si te han marcado.
Te planteas si alguna de tus decisiones han sido las
correctas, imaginas lo que habría pasado de haber elegido el otro camino, porque
dijiste blanco cuando querías decir negro, porque compraste en vez de vender, porque
hablaste y no callaste.
Con algún triunfo y
plagado de fracasos has ido capeando el temporal siempre con la vista puesta en
el futuro plagado de expectativas, con
planes y ambiciones por cumplir que en su mayoría has ido aparcando por el
camino. Has sabido amoldarte a las circunstancias
y priorizar.
Ahora la diferencia a cuando eras joven son las ganas de
luchar, antes las tenías intactas y ahora están casi a la reserva. Las fuerzas te van faltando y las que te
quedan sabes que te harán falta por los momentos duros que te llegaran.
Hay un dicho de golf que podemos aplicar a la vida:
“Los golpes malos vienen en serie de tres, si hay un cuarto
es el comienzo de una nueva serie”
Canas benditas, canas malditas. ©Fer

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