lunes, 14 de marzo de 2016

Cuando las canas van tiñendo las sienes de blanco, a la vez que te dan más seguridad de ti mismo, también te crean muchas dudas. Ves imagines de tu vida, como si fueran una película vieja que va a saltos, de esos momentos que se te han quedado impresos en el subconsciente, imágenes  qué muchas veces no sabes por qué las tienes en el recuerdo.

Analizas esos flashes, unos son meros recuerdos de infancia, que no tienen ninguna trascendencia, otros momentos bonitos que has tenido y algunos momentos duros, que esos si te han marcado.
Te planteas si alguna de tus decisiones han sido las correctas, imaginas lo que habría pasado de haber elegido el otro camino, porque dijiste blanco cuando querías decir negro, porque compraste en vez de vender, porque hablaste y no callaste.

Con algún  triunfo y plagado de fracasos has ido capeando el temporal siempre con la vista puesta en el  futuro plagado de expectativas, con planes y ambiciones por cumplir que en su mayoría has ido aparcando por el camino.  Has sabido amoldarte a las circunstancias y priorizar.

Ahora la diferencia a cuando eras joven son las ganas de luchar, antes las tenías intactas y ahora están casi a la reserva.  Las fuerzas te van faltando y las que te quedan sabes que te harán falta por los momentos duros que te llegaran.

Hay un dicho de golf que podemos aplicar a la vida:

“Los golpes malos vienen en serie de tres, si hay un cuarto es el comienzo de una nueva serie”


Canas benditas, canas malditas.  ©Fer

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