Los misterios de la noche te rodean.
Sentado en el escritorio la hora bruja te envuelve.
Son esos momentos en que tus sentidos se agudizan y tus
sentimientos afloran.
Cargas lentamente la pluma en el tintero, limpias
cuidadosamente el plumín.
El parpadeo de la llama hace temblar la sombra de la mano en
la hoja.
Tu vista se pierde en la lejanía de la oscuridad buscando tu
musa.
Los dedos toman vida propia y comienza a enlazar letras.
Las palabras brotan como el agua de un somero manantial.
Los sentimientos van quedando impresos lentamente.
Corriges y tachas aquellas palabras equívocas, sabes perfectamente
lo que quieres expresar.
Todo eso que llevas dentro y que no puedes decir.
Amor, melancolía, alegría, pena, satisfacción, tristeza,
lujuria, virtud…
Las hojas se van amontonando marcadas con tus pensamientos.
Solo te detienes anhelando tiempos vividos, deseos
truncados.
Sabes el destino no es una casualidad si no una elección y
que debes elegir y no esperar.
Pones el capuchón a la pluma, ordenas los papeles, soplas la
vela. ©Fer

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